Por Esaúl Felipe Ramírez Murillo

“El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”

 

En México se ríe toda la semana con su arraigada identidad mediática y sus mediocres programas semanales. Se entretiene, con sus decenas de partidos de fútbol y su infinidad de bares. Se oprime con una incertidumbre diaria, anunciada en sus periódicos: crisis, asesinatos, violaciones, corrupción. Represión estudiantil, denigración laboral a los docentes, normalización de la mediocridad, privatización de la educación. Pareciera ser que en México ocurre de todo, menos educar.

Parece que en México nunca es prioritaria la tarea de educar, de velar por su futuro como velan las madres mexicanas por sus hijos cuando van por “mal camino”. Nuestro país no es madre, es lo contrario; un desmadre. Pocos han sido los verdaderos intentos por priorizar la educación, de invertir en ideas y proyectos modernos, de analizar las distintas problemáticas que la envuelven, de innovar su metodología, su infraestructura, sus docentes, su visión y su misión.

La realidad es clara, el inseguro pasado de nuestra educación, los dirigentes y planificadores educativos, no tienen objetivos claros a lo nuevos retos a las nuevas herramientas pedagógicas y la nueva cultura global que exigen un despojo del pasado y una construcción creativa del futuro.

La escuela mexicana a veinte años requiere de un proyecto, no de una improvisación. Requiere aquello que la educación nunca tuvo: una introspección individual, separada de la visión universal que -erróneamente- se considera equitativa con todos los países en desarrollo.

A tantas historias, tantas preguntas

 La importancia de la historia mexicana -no sólo en materia educativa- es un paradigma que no cabe dentro de la corta memoria de las sociedades mexicanas. La cultura y sus participantes aportan una estructura social determinada por reglas difundidas por los medios monopólicos de comunicación; también son sus detractores y aquellos que la desestabilizan. La UNESCO reconoce la activa participación de la cultura y sus diferentes manifestaciones dentro de los múltiples procesos educativos:

“La cultura aumenta el acceso a la educación, pero también garantiza planes de estudios, libros de texto y métodos de enseñanza más relevantes a nivel local. Incorporar la cultura en la educación garantiza además que el sistema educativo se adapte a las necesidades contemporáneas y prepare a las personas para la vida en una sociedad globalizada y multicultural, a través de sistemas formales, no formales e informales.”

 ¿Qué hace falta en la educación mexicana para emancipar a sus alumnos de la mediocridad? Una cultura de investigación. Historia y filosofía destacan entre las materias más importantes para esta tarea, es por eso que -fundamentalmente- la introspección educativa requiere de éstas dos visiones tanto críticas como analíticas.

Por un lado, una visión histórica que comprenda el contexto en el que se manifestó y en el que se manifiesta la educación para poder así proyectarse en el futuro, como afirma el historiador mexicano Enrique Florescano “La enseñanza de la historia es indispensable para el conocimiento del ser humano viviendo en sociedad. En México se ha olvidado este propósito. De hecho, la enseñanza de la historia es espejo del desastre mayor que padece el sistema educativo nacional.”

¿Queremos realmente repetir incontables crisis sociales, económicas, masacres estudiantiles y seguir reproduciendo violencia frente a las generaciones más jóvenes? Por otro lado, la filosofía no sólo como disciplina o asignatura, sino como motor del pensamiento lógico, ético, moral y empírico.

“(…) Los acelerados procesos de cambio y desarrollo tecnológico aconsejan que la enseñanza se centre cada vez más en un aprender a aprender (…) En este caso, la aportación de la filosofía es valiosa, incluso es insustituible. Además ayuda a que el alumnado desarrolle una capacidad de criticar lo establecido para poder hacer frente en mejores condiciones a las enormes presiones manipuladoras de los potentes medios de comunicación y de los poderes reales.”

Preguntas tan básicas como “¿por qué?, ¿para qué? y ¿cómo?” son imprescindibles y estrictamente necesarias en el desarrollo de las ideas. Precisamente, la educación mexicana necesita más que nunca estas preguntas para el incierto futuro próximo. ¿Para qué educar? ¿Qué educaremos? ¿Qué queremos con nuestra educación? ¿Quiénes educarán? Preguntas cuyas respuestas parecen ser obvias nos deben dejar pensando y dudando en cada ocasión que se planteen.

Historia y filosofía se complementan con una naturalidad inmensamente necesaria dentro de las aulas nacionales. Tanto la historia como las meditaciones sobre ella incumben al rumbo que nos corresponde analizar y asignar a nuestro contexto y a nuestros valores.

 Tan lejos de Dios, y tan cerca de Estados Unidos

 Económicamente, México ha dependido en gran medida de Estados Unidos. Actualmente existen más de 12 millones de mexicanos residiendo legal o ilegalmente en suelo estadounidense. De ésta población extranjera que envía remesas a sus familias, el portal noticioso británico BBC afirma que según estudios del banco BBVA, las remesas en 2015 llegaron a los US$25.000 millones, enfatizando que la cifra es mayor de lo que México obtiene por las producción y exportación petrolera. El mismo artículo asegura que las familias receptoras de esas remesas, casi la mitad no completó siquiera la educación primaria y cerca de 50% vive en el campo. Muchos están entre los mexicanos más pobres.

Ante la situación, se desvanece cualquier oportunidad mexicana sobre las decisiones dentro de los fines educativos. Al pertenecer a dependencias como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos OCDE y a la UNESCO, donde colabora con la Organización de las Naciones Unidas y sus miembros, México se ve obligado a responder a iniciativas educativas que se acomoden a los países más desarrollados, colocándolo en mano de obra, producción masiva y pocas oportunidades de desarrollo intelectual.

Por otra parte, se denota una fuerte centralización de las estrategias nacionales degrada las oportunidades descontextualizando currículos, salarios base y beneficios para los docentes, restringiendo así la libre cátedra, los métodos alternativos y las pedagogías ‘radicales’. Esta segregación educativa parece no disminuir, y por ende, cierra muchas de las puertas para los estudiantes y maestros mexicanos.

 2036: ¿Otro milagro mexicano?

Gran parte de las investigaciones educativas siempre refieren al futuro de la educación o argumentan sus posturas intentando predecir las teorías que se requerirán en el futuro; las metodologías, los nuevos retos, las nuevas competencias y los mercados laborales donde se abrirán espacios que deben ser llenados. En el caso de México, personajes como Eduardo Backhoff Escudero, consejero del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación INEE, afirman que, según encuestas mundiales de mercados, los empleos del futuro requerirán más “creatividad, el uso de nuevas tecnologías de comunicación y el avance de las ciencias cognitivas”. Pero esta opinión dista mucho de cumplir sus predicciones, puesto que es evidente la imposibilidad de un desarrollo en tecnologías y demás en un país donde más de 42 mil aulas de planteles públicos donde se imparte educación especial, preescolar, primaria y secundaria carecen de energía eléctrica. En un país donde casi seis de cada 10 escuelas rurales (41 mil 265) carecen de espacios destinados a biblioteca, mientras 96.5 por ciento no tiene auditorio y en 95.5 por ciento no hay salas audiovisuales.

Es inútil considerar el éxito de una reforma educativa, de la implementación de estrategias modernas y de la exportación de alumnos al extranjero mientras no se resuelven las crisis de violencia, pobreza, migración y violencia de género. Se dificulta la previsión del futuro de la educación mexicana mientras los resultados de la prueba PISA arrojan que el país tiene un retraso de más de 25 años en pensamiento matemático y 65 años en lectura. Es de mayor necesidad colocar las dudas en el pasado, para reconocer los errores y arreglar los del presente para enfocar la educación al conocimiento, no al utilitarismo ni al consumismo. Es menester la valorización del estudiante mexicano, de su su capacidad crítica y su desarrollo humano sano. Es prioridad el docente, su educación, su tiempo y su dignidad. Pensar el futuro no garantiza a México su desarrollo, pues su ritmo de crecimiento y progreso no le garantiza una posición económica que responda a sus demandas en el año 2036.

BIBLIOGRAFÍA

  • UNESCO, Diálogos Post-2015 sobre cultura y desarrollo, (México: UNESCO/UNFPA/UNDP, 2016)
  • Enrique Florescano, Para qué enseñar la historia. Revista Nexos, Mayo 1999.
  • Felix García Moriyón, ¿Para Qué Sirve Enseñar Filosofía?, https://www.bu.edu/wcp/Papers/Chil/ChilMori.htm, (recuperado el 24 de abril del 2017)
  • Consejo Nacional de Población, Boletín de migración internacional, (México: CONAPO, 2017)
  • Redacción BBC MUNDO, Cuánto depende México de las remesas de Estados Unidos, BBC, 27 enero 2017.
  • Merilee Grindle, “Education Reform in Mexico”, ReVista Harvard Review of Latin America, (Otoño, 2001).
  • Eduardo Backhoff Escudero, ¿La educación del futuro o el futuro de la educación? El Universal, Sección Opinión (21 de Mayo del 2016).
  • Laura Poy Solano, Sin luz, más de 42 mil aulas de escuelas públicas de nivel básico y medio, Periódico La Jornada, Domingo (11 de enero de 2015).
  • Rosaura Ruiz, El rezago educativo en México, El Universal, (31 de diciembre del 2016).

Escrito por Redacción Linotipia

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