Por Pedro Muñoz

Hace varios años que se ha desarrollado una reinvención y reestructuración de los medios de comunicación y de su funcionamiento dentro del sentido clásico. En primera instancia, los medios de comunicación masiva, como la televisión, sufren la competencia creciente e ininterrumpida de las redes sociales y el resto del internet. El duopolio de Televisa y TV Azteca tiene que hacerle frente a la aparición de diversas notas periodísticas enviadas a la bandeja de entrada de los usuarios, además deben enfrentarse a la necesidad los usuarios en las redes sociales de publicar inmediatamente información sobre sucesos relevantes en la sociedad; imposible ser adversario del carácter casi instantáneo que tiene la información (quizá raquítica y superficial) dentro del terreno digital.

Ahora, si uno se propone hablar de los medios de comunicación interpersonales, se encuentra que es completamente normal que se incrusten en las redes sociales. Lo que en algún momento parecía una comunicación enteramente privada a través del teléfono y el correo electrónico, pasa a tener segmentos completamente públicos. Existe, pues, un proceso de (mediana) homogeneización en cuanto al alcance de la información que circula dentro de las redes.

Se presenta con un carácter imperativo la necesidad de articular una crítica hacia la creciente adicción a las redes sociales, ¿cómo es que se han convertido en la herramienta más utilizada por la población para echar a andar sus extremidades sociales?. Lejos de intentar redactar un balance en cuanto a las facilidades que estas líneas de código proveen, se intentará dilucidar el trasfondo psicológico que mantienen a estas plataformas operando.

La inmersión en el espacio virtual es analizada por el filósofo y psicoanalista esloveno Slavoj Žižek (2013):

Virtual es el espacio que vemos en la pantalla de la interfaz, este universo de signos e imágenes fascinantes por el que podemos desplazarnos libremente, el universo proyectado en la pantalla que crea una falsa impresión de “profundidad”. […] Este escenario fantasmático es estrictamente correlativo al orden Simbólico: no hay orden Simbólico sin espacio fantasmático, no hay orden ideal del logos sin Otro Escenario “virtual” (p. 210).

Del segmento anterior se deben hacer varias anotaciones: Žižek habla del ciberespacio como una condensación del tejido Simbólico que permea a la sociedad, es decir, que el espacio digital viene a ser una cristalización del deseo del sujeto que se produce a partir de las relaciones sociales. Otro punto: el filósofo pareciera estar hablando aquí de la realidad virtual de una especie de Matrix en la que todos somos conscientes de que estamos operando en un mundo irreal que se esfuerza por simular las condiciones materiales externas. Si hemos de utilizar la reflexión de Žižek, hay que notar que dentro de las redes sociales existe una vinculación directa entre el perfil que se opera y su usuario, es decir, que a simple vista no existe una “suspensión de la autoridad” que surge a partir del completo anonimato.

La cita del filósofo esloveno tiene que leerse en conjunto con un pasaje dentro de su texto Less Than Nothing (2012) donde señala:

¿Qué es, entonces, la Matrix? Simplemente el gran Otro lacaniano, el orden Simbólico virtual, la red que estructura nuestra realidad. Esta dimensión del “gran Otro” es la dimensión constitutiva de la alienación del sujeto dentro del orden simbólico: el gran Otro jala las cuerdas, el sujeto no habla, sino que la estructura simbólica habla a través de él (p. 336).

Podemos concluir que dentro de esta plataforma digital donde se cristaliza el plano simbólico, es también la condensación del deseo del gran Otro. Una elucidación breve: el “gran Otro”, dentro de la teoría lacaniana, se refiere a ese ente abstracto (y ultimadamente inexistente) que delinea las aristas de nuestra cartografía moral y conductual; se refiere, pues, a un ente que significa las acciones de un individuo (“Dios” para los cristianos, “La Historia” para algún estalinista).

Si este es el caso, es dentro de este sentido que uno puede debatir la idea presentada por el escritor Juan Villoro en una ponencia que se llevó a cabo el 9 de agosto en el Centro Cultural Tijuana. Villoro presentó un punto en el que, debido a la red interconectada de los usuarios por medio de Facebook o Twitter, así como su velocidad que llega a aparentar la inmediatez, el uso de estas plataformas llega a asemejarse a un proceso neurológico. Continuó explicando que su analogía surgía porque, en algunas ocasiones, después de poco tiempo de haber enviado un post o un tweet es cuando uno realmente puede sopesar el comentario que ahora se haya incrustado dentro de la red. El efecto de caer en cuenta de lo que se ha enviado y de sus posibles efectos, dice el escritor, también surge necesariamente de la condición de que uno está siendo observado. Pareciera, entonces, que la incontinencia denotada en los espacios virtuales se produce porque retrata un segmento aislado del proceso cognitivo del individuo que ha elaborado el mensaje. El problema está en que, si lo anterior es cierto, lo mismo va para el lenguaje y tendría que serlo de una forma mucho más evidente. Esto debido a que el lenguaje no tiene tantos elementos de por medio que relacionan al individuo con el mensaje final (como lo serían la interfaz o el teclado).

Si uno sigue con esta idea dentro de los parámetros del lenguaje, está dejando a un lado el hecho de que éste opera dentro de la intersubjetividad simbólica inherentemente, es decir, que existe bajo la presuposición que se puede/es escuchado. Si bien existen momentos en los que el lenguaje se presenta como un destello irracional, en forma de un desliz freudiano, se tiene que recordar que éstos son una condensación del orden simbólico. Žižek, en alguna de sus múltiples ponencias, habla de un ejemplo de su interpretación del desliz freudiano: se supone que un amigo de él consigue una cita y ésta ha de comenzar con una cena en un restaurante, en el momento en el que su amigo se acerca con el empleado para pedir una mesa, enuncia su solicitud de la siguiente forma: “¿Me podría dar una cama para dos?”; acto seguido se sonroja y su cita pasa por un momento incómodo. El filósofo dice que debemos evitar que nuestra interpretación sea que se evidenció lo que en realidad deseaba su amigo (tener relaciones en lugar de cenar con su cita), en lugar de eso propone ver el desliz como una irrupción del gran Otro, como una cristalización del imperativo del goce que constantemente nos acosa.

Tomando en cuenta todo lo anterior, se puede decir que los perfiles dentro de las redes sociales, su constante edición y los comentarios ahí registrados (aunque parezcan completamente irracionales), tienen sentido solamente bajo la presuposición de que serán observados, ya sea por un Otro Imaginario o por el gran Otro.

El teórico Mark Bracher (1993) hace el siguiente señalamiento:

La fantasía narcisista activa involucra amar o admirar el objeto a en otro e intentar unirse o identificarse con él. Esta forma de deseo puede ser vista en el intento de sujetos (quizá más comúnmente en niños y adolescentes) por asumir la voz, la mirada o ciertos estilos de sujetos que parecen interesantes. […] ellos parecen haber trascendido los límites del orden Simbólico y por lo tanto tienen acceso a un jouissance ilimitado. Su objeto a puede ser una pistola, drogas, dinero, un carro, la velocidad, música; esto es, una cierta imagen o sonido o algún otro pedazo de lo real (p. 45).

Cabe señalar que en la cita se utilizan algunos conceptos propios del psicoanálisis lacaniano: “el objeto a” se refiere al objeto/causa de deseo, “lo Simbólico” como esta serie de reglas que permite el funcionamiento social y “lo Real” que se refiere al centro abstracto que moldea a la realidad. Por lo tanto, ¿no son los perfiles unos cúmulos de estos objetos a que el usuario identifica como necesarios para atravesar los recovecos del orden Simbólico? En otras palabras, el perfil que se maneja no es más que una fachada de la imagen que se quiere crear de uno mismo en un sentido sintetizado, donde se supone que sobresalen nuestros elementos más propios cuando en realidad sólo se buscan una serie de íconos, símbolos que nos permitan posicionarnos más allá de lo que se supone que deberíamos de ser como sujetos. Un ejemplo claro es el del activismo digital que parece estar hecho de energía pura dentro de las pantallas pero que se mantiene a una distancia considerable de aparecer en la realidad. De esta forma uno puede hablar de su “indignación” de la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa sin necesidad de llevar a cabo acciones reales. Todo esto porque en su momento pronunciarse como “indignado” por el suceso significaba ser capaz de operar en otra dimensión de lo Simbólico gracias al panoptismo digital.

Referencias

  • Žižek, Slavoj (2013). Lacrimae Rerum: ensayos sobre cine moderno y ciberespacio. Barcelona, España: Editorial Debate.
  • Žižek, Slavoj (2012). Less Than Nothing: Hegel and the Shadow of Dialectical Materialism. Nueva York, Estados Unidos: Verso Books.
  • Bracher, Mark (1993). Lacan, Discourse and Social Change: a Psychoanalytic Cultural Criticism. Nueva York, Estados Unidos: Cornell University Press.

Escrito por Redacción Linotipia

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