Por Luis Mundo

Habiéndole sacrificado, convirtió su fe en Chuy. Desde antes planeaba dejar el críco, y pronto decidió también abandonar el cigarro. Rasuró su abultada barba, olvidó las jeringas y se volvió pastor. Acompañaba a Chuy converso en andanzas eternas y desiertos modernos. Alguna vez, dirigiéndose al Can comentó; “no importa sed o hambre, cansancio por recorrer distancias en vela, por predicar tu nombre, resistiré la sagra encomienda”. Para cuando encontró las monedas enterradas, fúnebre, por encontrarse aquella noche también traicionado, junto al hueso de la discordia, Chuy, recorrió sin dolo, el rostro moreno de Judas.

Escrito por Redacción Linotipia

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