Fotografía: Joy Laville
Por Andrea Latham
@sobrelnopal

La importancia de retratar al mexicano

“…Destacan la crítica social, el humor negro, el contexto histórico, social y político que se manejan y de manera certera retratan, como siempre lo hace el autor, la realidad más cruda de una sociedad…”

El siglo XX se convirtió en un periodo sobresaliente para la literatura mexicana y los escritores de la época tuvieron la gran responsabilidad de diseñar una nueva identidad literaria. Desde Alfonso Reyes hasta Mariano Azuela, y entre la amistad de Salvador Novo y Xavier Villaurrutia, el mar de letras trajo consigo a grandes escritores, entre ellos Jorge Ibargüengoitia (1928-1983), quien se encargó de retratar situaciones sociales variadas bajo la premisa del realismo.

Hombre del Post-Boom, Ibargüengoitia no pertenecía al círculo de los aclamados en donde se encontraban nombres como el de Carlos Fuentes, en realidad, la crítica era severa con el guanajuatense, sus temas directos que rondaban siempre bajo lo que me gusta llamar “la inspección social” de bajo perfil, en la que el escritor disfraza en su trama, situaciones del mexicano promedio, llenas de inquietantes realidades cotidianas, resultaban un dolor de cabeza para la academia poco susceptible a la crítica directa. Por eso cuando la novela Dos crímenes (1979) se publicó bajo la editorial Joaquín Motriz, los lectores esperaban ya ese característico sentido del humor que se veía plasmado en las novelas del autor.   

Bajo la construcción del espacio rural o provinciano, los personajes cínicos, misteriosos, serios en su identidad y la construcción de ésta, juegan con las escenas, con el ambiente 86211estrictamente construido, bien logrado, como si el autor hubiera moldeado cada roca, cada montaña, cada árbol que se atraviesa en los ojos de Marcos, con el único propósito de lograr la historia. Confluye en la obra una intratextualidad casi invisible, pero que se encuentra metida entre los paisajes y los personajes.

La trama se desarrolla principalmente en el pueblo de Muérdago, que a pesar de ser ficticio representa de manera notable a algunas provincias que aún existen en el país; no tan lejano de Cuévano, ciudad pequeña en donde vive el tío de Marcos o “el negro” personaje principal dentro de la historia, desarrollador de casi todos los sucesos. Marcos llega huyendo de la Ciudad de México, en donde vive con su mujer, a quien conocemos como La Chamuca después de que agentes judiciales se presentaran en su edificio con la intención de aprehenderlos por presuntas participaciones comunistas (actividad prohibida). Al llegar por su cuenta y con menos de $100 pesos en la bolsa a la casa de su tío, quién es el hombre más rico del pueblo, le propone un trabajo que implican una mina y un yacimiento de piedras importantes. Cosa que no parece extraña viniendo de un geólogo, pero sí representa una fuerte inversión que, bajo las mentiras, ayudarán a “el negro” a huir con su desconocida esposa hasta que las cosas se tranquilicen.

Mucho podríamos decir de las intenciones del autor por retratar a la mujer mexicana y las relaciones familiares o las de pareja, o incluso el incesto. Pero, parece más importante resaltar el trabajo narrativo de los sucesos que acontecen dentro de la historia, la manera de desentrañar las mentiras del personaje principal, de tomar de la mano al lector y llevarlo a través del lenguaje cotidiano del mexicano promedio.

Resulta sencillo encontrar dentro de la obra, aunque no fuese la intención del autor, los 7 pecados capitales representados. La pereza, la gula, la ira, la envidia, avaricia, soberbia, pero sobre todo la lujuria. El deseo impregna las páginas del libro. Lo sexual y lo erótico, aunque no son temas protagonistas, marcan una pauta en la relación que existe entre los personajes, así como el deseo por huir, lo que lleva a la creación de toda una farsa. El deseo monetario que todos los sobrinos y nietos del tío tienen por su fortuna, convirtiendo de este modo al deseo en otro de los ejes de la obra. Entonces, bajo la intriga, la sospecha y la zozobra, el cambio de narrador protagonista a narrador testigo le da un toque importante a la trama, de alguna manera releemos la novela desde la llegada de Marcos hasta los sucesos actuales, lo que responde preguntas que el lector no sabía que tenía.

No es posible asegurar que existen personajes buenos o malos dentro de la trama, pero, sí es posible intentar sacar conclusiones sobre los juicios de valor que Ibargüengoitia plantea. Dos Crímenes es una lectura amena, que construye paisajes y personajes poco ajenos para la cultura mexicana, recomendada por su intriga para los amantes del misterio o los amantes del romanticismo, los amantes de lo prohibido, o los amantes de una buena novela. Libro bien logrado, Dos Crímenes representa uno de esos estandartes literarios que continúan reconociéndose como parte fundadora de la literatura. Destacan la crítica social, el humor negro, el contexto histórico, social y político, y de manera certera retratan, como siempre lo hace el autor, la realidad más cruda de una sociedad.

 

Andrea Latham (Ensenada, Baja California. 1997). Estudiante de Lengua y Literatura de Hispanoamérica por la Universidad Autónoma de Baja California. Es Impulsora de actividades literarias y cofundadora de Poesía Cuchumá. Ha publicado sus poemas en revistas electrónicas como Apamate, Región transparente y  Gaceta Lenguas y Letras de la Universidad de Querétaro, entre otras. Cuenta con un libro de poesía independiente titulado Flor de Nopal (2017).
Blog: https://sobreflordenopal.wordpress.com/
Twitter: @sobrelnopal

Escrito por Redacción Linotipia

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