Imagen: Universidad Autónoma de Nuevo León

Por Andrea Latham

 

 

“La humanidad de Cristo desnuda tus pupilas / su tórax alanceado aún gotea / Bañémonos Teresa en esta rojedad (Aparece, p. 15)”

Minerva Margarita Villarreal (1957) no intenta nombrar lo desconocido, construye alrededor de ello para darle sentido a la relación más antigua de la humanidad: lo divino. Las maneras del agua, poemario publicado a través del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) y acreedor del Premio Nacional de Poesía Aguascalientes en 2016, retoma la mística entre sus páginas, poesía lírica sobre los cambios espirituales, resultantes de la comunión entre Dios y el hombre, caracterizada por el éxtasis y las pasiones. La figura de Santa Teresa de Ávila, mediante lo cotidiano, las sensaciones humanas y la exploración de las formas del agua, confluyen en uno de los poemarios más importantes de la última década.

Poco se ha escrito sobre Las maneras del agua (2016) de Margarita Villarreal, a pesar de que esta reseña hablara específicamente de la obra y su contexto, es importante mencionar la poca difusión fuera de las manos de la autora, además de la nula promoción, como si se tratara de un libro selecto o especializado, cuando la realidad del poemario es otra. Con lenguaje sencillo pero no coloquial, versos cortos y veraces, construcciones, metáforas, visiones generales y específicas, el lector, sin saberlo, termina tomando la mano de Santa Teresa.
Los Laudes juegan un papel crucial en la construcción de estilo del poemario, las oraciones cortas que generalmente se hacen durante la mañana, estos pequeños poemas, invocan al ser divino, en este caso a Dios, colocándolo dentro del plano humano, la autora escribe: Dios por mis labios / dentro de mis labios (Laude 2, p. 19). Señalando la relación directa entre el hombre y el ser supremo, la interiorización del mismo. Dentro de estos poemas que funcionan como intervalos en la obra, también se encuentra la exploración del agua y su función como instrumento sanador, retratando esto en el Laude 15 de la página 54; el agua te lame / el agua te abraza. Como una muestra de lo que el agua representa para el humano, para el ser insignificante ante Dios. Es importante recalcar el uso del agua, además de la conciencia del Yo lírico dentro de la obra, conocedor de su falta y su soledad, la necesidad de redención es una constante en la obra poética.

Por otro lado, es importante mencionar las adicciones como medio de transición, tanto en los Laudes como en los poemas de título variado. La historia del que podría ser un joven se desarrolla unilateralmente, en donde, además de drogas, se puede notar el uso de otros estupefacientes, mencionando “Y esa constelación / me lleva / el solo sol / de la jeringa” (Un lago de sol, p.41) como un ejemplo directo y sencillo, convirtiéndose en este caso también el agua, o la falta de ella, en un precedente necesario dentro de la construcción metafórica. En el mismo poema, Y me voy secando / sediento / sediento, además de un elemento sanador, como en la vida, el agua es fundamental para el adicto, para la transformación y supervivencia del alma.

Comprendiendo así el uso de elementos que confluyen para crear una perspectiva mística dentro de la obra, siendo siempre el alma, el precedente para la búsqueda de esta purificación ante el ser divino, no es posible para el lector pasar por alto la participación de la figura correspondiente a Santa Teresa de Ávila (1515), religiosa que en su momento se encargó de la fundación fisica de la orden de las carmelitas descalzas y cuya mano incorrupta hoy es lo único que le sobrevive en Europa, además de sus escritos religiosos. Villarreal describe en una serie de poemas que incluyen, en su mayoría, los elementos mencionados con anterioridad, la vida exaltada de la religiosa convirtiéndose hasta cierto punto en una narración hagiográfica por lo acorde que resulta a la realidad, pero siempre enfocándose en la sensibilidad y la cercanía con Dios. Uniendo al hombre humano, a la Santa o religiosa incorruptible y al ser supremo o divino, como lo ejemplifica en el siguiente verso: “La humanidad de Cristo desnuda tus pupilas / su tórax alanceado aún gotea / Bañemonos Teresa en esta rojedad”(Aparece, p. 15). Señalando siempre la importancia de mostrar la transformación dentro de la poesía mística de Margarita Villarreal, se construye en un mismo plano, confluye lo terrenal y celeste sin una línea clara, en el que el hombre tiene la posibilidad de esta curación y puede salvarse, cosa que ocurre poco en otro tipo de poesía religiosa.

Entonces, es importante rescatar que la realización del hombre siempre sucede dentro de este libro. El hombre sufre, el hombre se conoce débil y solo, perdido en un mar de gente, inferior a todo, seguro de su soledad, de su posible muerte, siempre consciente de la realidad y lo ajeno, además de su meta: el llegar a una realización. Por ejemplo, cuando el Yo lírico menciona dentro del poema “Yo por lo general no me hago caso” de la página 66, Y yo que en general no me hago caso / me detuve / a escuchar la fuente. Regresando siempre al elemento del agua.
Lo que quiero decir al mencionar con detalles cada uno de los elementos que la autora utiliza dentro de sus versos para resaltar la poesía mística y remarcar su importancia, por medio de la purificación del alma y este constante regresar a la realidad consciente del ser supremo, es que los poemas que conforman esta obra son sin duda excepcionales. Independientemente de la inclinación religiosa que se tenga o el conocimiento histórico de los santos, el lector se acerca tocando con la yema de los dedos el agua tibia que Margarita Villarreal construye delicadamente en su poesía. Recuerda que tiene alma y reconoce los procesos que retrata la autora para salvarla. Es necesario realizar una lectura consciente de cada uno de los versos que conforman esta obra, la conciencia de tales palabras lo merece. Así pues, es correcto asumir que más que un estandarte religioso, Las maneras del agua da como resultado una declaración de fe estética que rescata todo lo que, a lo largo de la historia poética, se fue dejando de lado por considerarse caduco. La autora y académica mexicana demuestra una vez más que para la poesía no existe fecha de caducidad.

 

Andrea Latham (Ensenada, Baja California. 1997). Estudiante de Lengua y Literatura de Hispanoamérica por la Universidad Autónoma de Baja California. Es poeta e impulsora de actividades literarias y cofundadora de Poesía Cuchumá. Ha publicado sus poemas en revistas electrónicas como Aeroletras, Región transparente y linotipia, entre otras. Cuenta con un libro de poesía independiente titulado Flor de Nopal (2017). Y a veces también escribe reseñas y cuentos muy cortos.

Blog: https://sobreflordenopal.wordpress.com/
Twitter: @sobrelnopal

Escrito por Redacción Linotipia

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