Foto: Páginas interiores del catálogo de exposición Grito Creativo Tijuana Tercera nación CONACULTA-MOVISTAR 2005

La apuesta por salir del Rancho: producción artística e industria cultural en Tijuana 1992-2015.

“Los románticos afirman que Tijuana y San Diego son ciudades hermanas. Yo pienso que somos vecinos que sonreímos cuando nos topamos afuera en un gesto de saludo cordial, pero que jamás nos prestaríamos una taza de azúcar”.

Si bien es verdad que la producción artística en Tijuana es extensa, históricamente se le podría rastrear desde los años cuarenta. Incluso antes si se piensa en lo que pasaba dentro del Casino Agua Caliente. Y seguro habrá trabajos historiográficos que desglosen esa parte de la historia cultural de la región.

Los que trataré de analizar en este artículo, son los eventos coyunturales del cambio de paradigma y la manera de trabajar de los artistas principalmente visuales y las instituciones, que entretejieron la producción independiente en Tijuana a lo largo de 23 años, entre 1992 a 2015, justo los años de transición entre el siglo XX y el XXI en Tijuana. Donde padeció un rápido aumento demográfico que expandió la ciudad hasta sus límites.

Es en este periodo donde se determinó el inicio de la extensa vida cultural que vivimos ahora. Los aportes significativos de los participantes e interlocutores que fijaron posturas para contrarrestar la política cultural centralista generada por la firma en 1994 del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el insuficiente presupuesto para generar cambios sociales en una Tijuana que justo después del terremoto del 85 veía un aumento en su demografía y que comenzaba un replanteamiento de su identidad. “Sobre todo, de promover una cultura específica de Tijuana, en relación con las culturas matrices, la de México y la de Estados Unidos.” (Suarez, 2007). Al respecto, José Manuel Valenzuela, investigador y el más intenso estudioso de la frontera de este periodo, en el 2003, y en retrospectiva por aquella afirmación de Néstor García Canclini (1984) que formó en el imaginario del país, la vida cultural y encarneció una política exterior que ninguno de los que habitamos Tijuana podíamos imaginar; la posible construcción de un muro de 12 metros entre ambos países. Los románticos afirman que Tijuana y San Diego son ciudades hermanas. Yo pienso que somos vecinos que sonreímos cuando nos topamos afuera en un gesto de saludo cordial, pero que jamás nos prestaríamos una taza de azúcar.

La frontera es una realidad cambiante y heterogénea en la cual existen múltiples procesos de integración, desencuentro, conflicto y disputa entre las poblaciones de ambos lados e incluso entre los diversos grupos sociales y culturales de cada uno. También existen diferencias importantes entre las distintas culturas populares fronterizas, cuyos umbrales de demarcación con las culturas dominantes son difusos, y que también recrean elementos de las tradiciones del sur del país (como se cita en Suárez, 2007, p.17).

Estas características son las que, sin hondar ahora en ello, fundamenta la nueva industria cultural que después de Tijuana la Tercera Nación: Grito Creativo 2004, provocó convulsiones en la manera en que las Instituciones producen arte en Tijuana. Heriberto Yépez, escritor y crítico tijuanense y uno de los más visibles opositores al concepto de Antonio Navalón “La tercera nación” (2005) en el ensayo incluido en el catálogo de la exposición en una sección especial contenía bajo el nombre de “el debate en la prensa” afirma:

El concepto de Tijuana. La tercera Nación es históricamente espurio; políticamente, neoliberal. No hay fundamento para sostener que Tijuana o la frontera mexicana sea una zona eidétimente intermedia; esta noción solo promueve clichés sobre la región y propone un modelo por-globalización: “Tijuana” como zona transnacional de facto: Ex México. Arte Nafta o Delirio-TLC. Arte para solapar el proyecto empresarial Transnacional y los deseos hegemónicos de Estados Unidos.

Es de esta idea que a la distancia, en 2018, bajo la premisa que expone Yépez, queda a responder las interrogantes que ahora se plasman en el mercado del arte de la ciudad. De cómo se van hilando la participación de artistas emergentes en relación con la producción artística y los espacios independientes a la consolidación de las instituciones culturales, en específico, la del Centro Cultural Tijuana, sobre todo en el periodo de gestión del polémico Virgilio Muñoz donde utilizó su posición de instancia federal para excluir y delegar la creación local. En la carta de desaprobación al nombramiento de Muñoz, la mayoría de artistas y gestores en lo que yo reconozco fue, el parteaguas para que la industria cultural madurara, que pasara de la pubertad becada a la juventud independiente. En el 2009 en un comunicado de prensa emitido por el colectivo G3000 derivado de Todos somos un mundo pequeño se afirma:

El documento, que ya ha recaudado al menos 300 firmas actualmente, como las de Luis Humberto Crosthwaite, Yvonne Venegas, Pepe Mogt (Colectivo Nortec), Ceci Bastida (ex tecladista de Julieta Venegas), Marcos Martínez ERRE, Heriberto Yépez, Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco, Juan Villoro, Daniel Sada, entre otros que están muy apegados al Centro Cultural, y quienes de manera formal desean que Saizár Guerrero tome en cuenta a alguien con más conocimiento del quehacer cultural de Tijuana y Baja California.

No se trata de una simple grilla o de preferencias partidistas, pues muchos de ellos han signado el documento debido a su interés, desean (deseamos porque yo también firmé junto a otros ciudadanos) que las riendas del Cecut las tome una persona que conozca, desde las raíces, lo que la entidad muestra y ofrece en el área a nivel local, nacional e internacional y le dé el empuje que se requiere.

Estos dos mometos coyunturales de la historia del arte en Tijuana, pasando por el Festival de la raza e InSite 92 y Estandartes crean y multiplican-derivan la vorágine artística en la que se convertiría la ciudad en el 2018.

Foto de archivo: colectivo TSUMP

En la charla que sostuvo Fiamma Montezemolo, una de las autoras del libro Aquí es Tijuana (2006) con Néstor García Canclini en el 2008, se dialoga sobre la metamorfosis que había sufrido la ciudad: “… Tijuana sintetizaba procesos contemporáneos desafiantes para las ciencias sociales y las artes –reelaboración de relaciones entre metrópolis y periferias, creatividad interétnica, pasaje de las culturas nacionales a los flujos globalizados–, esa ciudad multicultural fue exaltada como emblema de la posmodernidad”.

A la distancia, García Canclini comenta: “He ido siguiendo su proceso de descomposición y transformación en los diarios, en artículos académicos y en relatos de amigos. Diría que ya para mí Tijuana no es, como escribí en Culturas híbridas, un laboratorio de la posmodernidad sino quizá un laboratorio de la desintegración social y política de México como consecuencia de una ingobernabilidad cultivada”. De aquí surge la nueva conceptualización identitaria de Tijuana; planificada y diseñada desde las oficinas de las grandes corporaciones e incluso del gobierno federal. Una Tijuana que es, al mismo tiempo, según los medios impresos nacionales como “la ciudad más violenta de México” y “la ciudad más vanguardista”. De allí su atractivo artístico.

Así luce en los nuevos medios, una ciudad cosmopolita, contemporánea con sus contrastes extremos y sus baches de ingobernabilidad. Coexiste (resiste) con una industria organizada, formada y profesionalizada, que busca sus propios espacios y suprime a la institución como generadora de contenidos y se muestra, como colaboradora a las tendencias que se componen fuera de ella: el mercado del arte contemporáneo.

La producción regional ofrecía un atractivo que García Canclini determinó como posmoderno y luego como laboratorio de la desintegración social y la ingobernabilidad. Justo por eso, Tijuana engloba los adjetivos y definiciones que la persiguen desde que se conformó como ciudad hace 130 años. Todo conforma un complicado entretejido de sucesos que deberían ser reflexionados para aprender y avanzar. Hablar, ya no de la herida, sino del hilo de acontecimientos que esto provocó.

Referencias:

Suárez, Paola (2007). Más allá de yonkes, fronteras, desechos, narcos y cuerpos femeninos: una aproximación antropolígica a la producción artistica de obras visuales en Tijuana (1997-2007), (Tesis de mestríal) Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social-CIESAS. México D.F.

Navalón, Antonio (2005). Tijuana la tercera nación.México D.F: Santillana-CONACULTA-CECUT.

G3000 (2009). Todos Somos un Mundo Pequeño. recuperado de: https://g3000.wordpress.com/category/casos-cecut/

Montezemolo, Fiamma (2009). Cómo dejó ser Tijuana laboratorio de la posmodernidad/ diálogo con Néstor García Canclini. Revista Alteridades. Vol 19. Núm 38. Págs 143-154. México D.F: UAM recuperado en: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-70172009000200010

Escrito por Julio Álvarez

Es Maestro en educación. Codirector para Nortestación Agencia de Letras A.C dedicada a promocionar, difundir y representar las literaturas locales, en el 2009 junto con Karla Martínez administran Nortestación Editorial. Es director de contenidos para Linotipia.org y docente en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales UABC

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