Foto por Reuters 2018.
Llegada de la caravana migrante
a la frontera sur de México.

Juanito

 

Olas, olas, mareas, riachuelos y flora verde. No me canso. Miento, sí estoy fatigado. Ni cómo sentarme. Llevo horas, que parecen días, que serán meses y no me puedo vencer, ¿se imaginan vencerme ahora? No, no puedo. Juanito no lo merece.

Veo tantos rostros, borrosos. No sé si sea culpa de la hipermetropía, que mis lentes se cayeron hace rato, o tal vez la tristeza les ha robado las facciones definidas. Lo fuerte que los hace el campo y el hambre, ahora los hace entes sin alma.

Como si fuéramos familia, pero nunca nos hemos hablado. Bueno sí, una vez hable con una señora que me prestó un chal para tapar a Juanito. Si la vuelvo a ver la haré su madrina. La mujer con pliegues de edad en la cara pasó un invierno nocturno para que Juanito no se resfriara. Eso la hace una gran candidata para ser su madrina. Ja, qué pendejo. Queriendo hacer familia con gente sin rostro, con hambre y esperanza en algo que todos aquí sabemos jamás lograremos. Igual y esa mujer no pasa la noche. Igual y solo la estoy imaginando.

Según dicen, vamos a un lugar donde la vida es más fácil; no es precisamente el edén a donde vamos, pero sí puedo criar mejor a Juanito. Allá no hay peligro de que me lo roben o que se me muera en medio de una balacera. Allá, dicen, uno es bien pagado. Con eso puedo darle buenos estudios para que el día de mañana sea un gran licenciado y no tenga que huir para hacer vida.

Olas, olas, olas. Riachuelos, lanchas, carreteras. Verde, tucanes, plantas, árboles. Perros de la calle, basura, humanos. Grises y azules. Muros, murallas, franjas con púas. Gas lacrimógeno, toletes, gritos, espasmos, altavoces.

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¿POR QUÉ ME DETIENEN? ¡No ven que traigo a un niño! ¡SUÉLTENME! Es mi hijo. Me tiro de cabeza con Juanito al río. Es la única forma de cruzar. Si libramos ésta, lo que sigue tiene que mejorar. ¡Vamos hijo! respira, te lo pido. Dios, si acaso existes, no dejes que se me quede a medio camino.

La mujer que arropó a Juanito la noche anterior aparece, seca, limpia y sonriente. Ahora se ve flaca. Ahora no nos mira con piedad. Ahora sé que la cobija era para postergar el último soplo cálido de mi niño.

Pinche flaca, a mi niño no. A él no te lo llevas solo. Con él nos vamos los tres. Debí saber quién eras. Sé que acompañas a todos los que tratamos de llegar al norte. También sabía que te los llevas. Pero hoy, nos vamos juntos.

*Una énfrasis inspirada en esta foto de un migrante guatemalteco intentando cruzar la frontera entre México y Guatemala para llegar a EU. Originalmente se escribió y publicó en Twitter*

Escrito por Alejandro Arturo Villa

Director Editorial Revista Páramo, issuu.com/revistaparamo / Analista político en @RadioFormula / Columnista en @amSanLuis / Milenio Diario / Periodismo FES Aragón UNAM. Twitter: @AVillatv

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