Cartel de LETO. Rusia / Francia, 2018
Director: Kirill Serebrennikov

Por Oscar Morales
Twitter: @oskah_

 

LETO: Anarquía musical en blanco y negro

La premisa de Leto (Verano), décimo filme del cineasta ruso Kirill Serébrennikov, cuenta la historia de un triángulo amoroso: Viktor Tsoï (Teo Yoo), joven y talentoso músico en ascenso; Mike Naumenko (Roman Bylik), músico y líder de la banda Zoopark, y su novia Natasha Neunendo (Irina Starshenbaum). Contextualizada en Rusia, se basa en las memorias de Natasha, la única persona sobreviviente de este trío.

La historia del filme, rodado en blanco y negro, podría parecer simple y aburrida pero va más allá de una historia complicada de amor:

Primero, nos cuenta un fragmento de la vida de Viktor Tsoï y de cómo llegó a formar la banda Kino. Esta agrupación fue una de las más importantes del rock ruso durante los años ochenta. Kino llegó a publicar nueve discos de estudio, convirtiéndose en una banda de culto en el underground de la antigua URSS gobernada por Leonid Brézhnev. La música de Kino conectaba con los jóvenes, a través de la ella obtenían la libertad que no poseían.

El cine es un universo complejo y ajeno a mi trabajo en periodismo musical. Me he dedicado desde hace un par de años –o más– a la exploración de sonidos, estilos, estéticas, y ritmos, a diferencia de lo que he dedicado al “séptimo arte”. Gracias al trabajo que desempeño actualmente en la Cineteca Nacional, el mundo del celuloide cada vez me es más familiar. En esta ocasión les escribiré sobre una cinta que mezcla de manera formidable el cine y la música; creando un match perfecto.

Tsoï murió en un accidente de carretera el 15 de agosto de 1990. Pero cuando murió, ‘Komsomólskaya Pravda’ escribió: “Tsoi significa para la juventud de nuestra nación más que cualquier político, escritor o celebridad. Porque Tsoi nunca mintió ni se vendió. Fue y seguirá siendo él mismo. Es imposible no creer en él (…)Tsoi es el único artista de rock que no ha disociado su imagen de su vida real, vivió como cantó (…) Es el último héroe del rock.”.

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Este filme recrea cómo era ser un joven en la antigua Unión Soviética de Brézhnev, donde el rock era controlado por una “academia” que decidía quién pertenecía a la escena para proteger los ideales del gobierno. Mientras que la música anglo estaba prohibida porque pertenecía al enemigo: Estados Unidos e Inglaterra.

Es interesante ver como en la clandestinidad los jóvenes traducen las canciones de Bowie, Lou Red, Blondie, Sex Pistols o Joy Division, con las que se identificaban. La letra de esas canciones decía lo que toda una generación oprimida quería expresar.

Otra cosa que también es interesante resaltar, es cómo la escena musical se desarrollaba, principalmente en los conciertos. Estaba prohibida cualquier expresión que entonara euforia. Se tenía que estar sentado, apenas se permitía aplaudir y no podías bailar, saltar, gritar y mucho menos armar un slam… Qué aburrido, ¿no?

Pero lo que hace que este filme se vuelva entrañable y genere un sentimiento de nostalgia, es verlo convertirse en un musical lleno de vida, adrenalina y tristeza. Escenas con temas como Perfect Day de Lou Red o Psycho Killer de Talking Heads de fondo, con unos increíbles plano-secuencia, llenos de animación y dinamismo, logrando que la cinta te haga vibrar.

Leto es una película que evoca la nostalgia debido a la forma en la que se filmó y sobre todo a las referencias musicales que contiene, dándole energía y vida a este biopic musical, explosivo y delirante.

La cinta de Serébrennikov tiene como eje temático apelar a la libertad, esa que parecieran no tener, aun después de casi 30 años de haber pasado esa época, en la que ya no hay un Leonid Brézhnev, pero ahora existe Vladímir Putin, que también controla y vigila todo lo que acontece en el país que gobierna.

Esto viene al caso debido a que el año pasado el director no pudo presentar la cinta en el Festival de Cannes, ya que fue puesto bajo arresto domiciliario en el 2017 por presunta malversación de fondos estatales en el Séptimo Taller del Centro Gógol, el cual lideraba.

Esto nos hace pensar que, por desgracia, las cosas no han cambiado y que tardarán en cambiar, pero mientras tengamos espíritus libres y la anarquía nos lleve a crear una contracultura de resistencia es posible que el cambio este próximo, tal vez llegue en algún verano.

 

 

Oscar Morales se define como un periodista musical, fotorreportero y gran conversador heterosubnormado. Estudió Comunicación y Periodismo en la UNAM; fue fundador del Bring My Noise y ha colaborado para medios como Remezcla (EU), El Reflektor (MX), Setlist (MX) y la agencia musical Intrstlrs (MX).

Escrito por Redacción Linotipia

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