Imagen: Deteniendo el tiempo
Por Sandra Armas

Wild world: It’s going to get bad before it gets good

¿Qué tienen en común las series de Skins, Big Mouth y Sex Education? La respuesta parece evidente: cubren toda la trama estándar de la juventud, los primeros encuentros sexuales, los estragos causados por la búsqueda de identidad, la difícil tarea de lidiar con los bravucones que tratan de ocultar con sus acciones los mismos problemas que sus víctimas tienen y con su teenage melodrama they teach us about friendship, and corny stuff. A pesar de que la geografía en la que se desenvuelven las series es diferente, el sentimiento es universal. Las grandes fortalezas que comparten estas series, radican en el uso de escenas que nos hacen reír, llorar y estremecer de la rabia, además de contener personajes memorables y conmovedores que llega en forma de soundtrack… así es como se dijo bye bye al tabú en televisión.

En los mejores momentos de estas series se analiza el estigma que provoca la náusea del going through changes en muchos sentidos. Estos relatos definitivamente no son parte del entretenimiento televisivo coming-of-age promedio, sino que provocan que experimentes un destello incómodo de percepción sobre la sexualidad humana que probablemente no entendiste cuando eras adolescente. Existen episodios que te arrastran en temas que van desde la homosexualidad cruda hasta el consentimiento entusiasta y lo que la nueva sexualidad puede significar para jóvenes mujeres. Cuando eres adolescente vives un proceso de construcción de identidad en el que buscas modelos que seguir, si estos son realistas, los imitarás y determinados comportamientos y pensamientos se normalizarán dentro de ti. La gran necesidad de las series de sexualidad, nos remite a una manera distinta de percibir el sexo para confrontar los valores tradicionales bajo los que se educaba. Los espectadores mayores lo ven desde la distancia seguros de haber sobrevivido de alguna manera a la adolescencia; sin embargo, pretender que los contenidos ofrecidos por la cultura popular funcionan como mero objeto de entretenimiento a la par que ignoramos su influencia, nos priva de utilizar a las series como herramientas para educar de manera holística en temas de sexualidad y otros aspectos de relevancia.

Hay que reconocer que la manera de presentar la sexualidad en las series de streaming corresponde a los valores de las generaciones que nos han precedido. El contraste más notable lo encontramos entre la serie de mediados de los 2000, Skins, y las series influenciadas por la visibilidad sexual como Big Mouth y Sex Education, donde las últimas asumen la tarea de representar los momentos más incómodos del descubrimiento sexual. Desde esta perspectiva, Big Mouth y Sex Education son bastante honestas en su retrato de una juventud torpe y poco experimentada: cuanto más te encuentras en silencio sobre lo que estás pasando, la vergüenza puede crecer, porque lo que en realidad sucede es la soledad y vergüenza de un mundo interior que no te permite reparar en que tu vergüenza es compartida por el resto de tus amigos y compañeros de clase. Realmente intentamos escucharlo y construir cosas a partir de eso. Se puede imaginar a adolescentes viendo Big Mouth y de repente sentirse menos aislados por los deseos, impulsos y curiosidades que podrían mantener en secreto. Para algunos inexpertos, esta serie podría ser una de sus pocas oportunidades para obtener una visión práctica de cómo las hormonas y la sexualidad afectan a les adolescentes.

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En gran parte del mundo en que giran estos relatos se suele recurrir a el sexo como un ejercicio de aprobación por los grupos dominantes para ascender en la escala social. Los errores cometidos, bien representados, nos recuerdan que tanto en la juventud como en la vida adulta, las personas somos vulnerables ante la presión social y tomamos decisiones que podrían considerarse como impulsivas; pero debemos recordar que los adolescentes se encuentran en un periodo crítico desde todas sus aristas y, en la mayoría de los casos, no cuentan con los recursos psicológicos necesarios para enfrentarse ante la presión social como lo harían los adultos. La otra gran apuesta de las series es educarnos para tratar el tema de la sexualidad desde una perspectiva abierta que de lugar al diálogo y que otorgue prioridad a la voz de las generaciones próximas. El otro aspecto negativo que no podemos evitar mencionar refiere a las faltas de las series al mostrar una sexualidad heterosexual y coito centrista. Aunque esto refiere más bien a un reflejo de los valores tradicionalmente promovidos en la cultura popular, no debemos olvidar que el aspecto principal es disfrutar y eso quiere decir pasárselo bien con el cuerpo, nuestro confidente y compartirlo con otra persona siempre que haya consentimiento, y esto nos obliga a establecer acuerdos mutuos con nuestros compañeros sexuales acerca de los momentos y espacios en los que es pertinente experimentar el encuentro sexual. La manera en que los niños son socializados para ser hombres es a menudo increíblemente destructiva y aunque la sociedad está muy a la altura de sus experiencias, el libro de jugadas que se les entrega está lleno de mensajes falsos y contradictorios sobre lo que significa ser un hombre.

Uno de los aspectos más osados ​​de Big Mouth es la forma en que demuestra que aprender a ser sexual es algo que es relacional y la trama insiste en que la sexualidad no es algo a lo que debamos temer. La raza puede lidiar con la moralidad y la bondad, incluso cuando trata de mantener a raya a sus ingratos monstruos hormonales, que es tan importante como esperanzador. El tratamiento absurdo de la pubertad en Big Mouth la convierte en una buena comedia. Pero su vulnerabilidad emocional, su franqueza y su voluntad de abordar el estigma de la sexualidad adolescente tienen el potencial de hacer algo realmente grande. El espectáculo es en realidad más entretenido, y entrañable, cuando los personajes son atraídos con compasión y los chistes vienen con una dosis de empatía por cualquier niño que esté sufriendo las peores indignidades de la pubertad. Por otra parte en Sex education y Skins, sobresalen los impulsos dominados por las supuestas emociones que ya uno supone controlar pasando la secundaria. En estas series se presenta una imagen de la juventud que no corresponde con la realidad mexicana y se intentan ‘idealizar’ conductas perjudiciales sin consecuencias, como el sexo sin responsabilidad, el consumo abusivo de alcohol y de drogas, sin embargo también te sumergen en tópicos como el aborto y todo lo que significa pasar por esa situación, los intentos fallidos (pero intentos) de responsabilizarse por una familia mal planificada, como también la esperanza de crecer y cambiar o seguir frustrado con todo y tus impulsos, arranques y complejos que, seamos sinceros, esos nunca se van.

Para los que ya terminaron o van empezando a franquear la euforia y el dolor que los cambios físicos y arrebatos emocionales les pueden traer, estas series indudablemente serán buenas acompañantes durante el trayecto, y cuando piensen que el mundo se les acaba, no olviden que se tiene que poner feo y reventar las bocinas del estéreo con Crystal Castles antes de que las cosas mejoren.

 

 

Sandra Armas Ramírez es estudiante del séptimo semestre de Docencia en la Lengua y Literatura en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la UABC.

Contacto: armas.sandra@uabc.edu.mx

Escrito por Redacción Linotipia

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