Imagen: Dany Nevarez para Flckr
por Selena Díaz

Advertencia continua

Si hubieras puesto un poco más de atención hubieras podido notar que ese hombre te estaba siguiendo, pero eso no pasó.

Justo al despertar, en tu tiempo de ocio, en el descanso del trabajo, la escuela, o las actividades domésticas, cualquiera sea tu caso. Al escuchar la radio, prender el televisor, leer el periódico o más sencillo, al desplazarte por las noticias en tu teléfono celular. En cada una de estas acciones, no hay día en que no te encuentres historias de mujeres asaltadas en el vagón del metro, acosadas en la vía pública, aun con gente a su alrededor, o en el peor de los casos, jóvenes desaparecidas, secuestradas en el transcurso del hogar al trabajo; cuerpos sin vida encontrados a las afueras de la ciudad, en un terreno abandonado.

Como testigo de este tipo de noticias lo que piensas son cosas como “Qué valiente su reacción”, “Gracias a Dios que está bien”, “No le deseo algo como esto a nadie”, “No merecía lo que pasó”, “Pobre muchacha, tenía una vida por delante”. Pero muy rara vez piensas que algo así te podría pasar a ti, crees que no es un escenario posible para alguien como tú, que a todos les podrá pasar algo así menos a ti, hasta que, sin pensarlo, tú te conviertes en una sobreviviente más que cuenta su historia con la esperanza de que nadie pase lo que tú.

Ese fue tu caso. Un día ibas de regreso de la universidad a tu hogar a paso rápido para alcanzar a llegar a las 3:00 p.m. porque tenías que cuidar de tu hermano pequeño, tus padres estaban trabajando desde temprano y la niñera ya estaba a punto de terminar su turno. Tenías el tiempo medido para llegar justamente a la hora, te habías retrasado un poco en la escuela organizándote con unos compañeros para realizar un proyecto y sabías que no podías distraerte en el camino con banalidades.

No contabas con que no volverías a tu casa ese día. Todo el transcurso era como cualquier otro día, había la misma cantidad de gente en las calles que recorrías, era un vecindario no demasiado tranquilo, pero tampoco era una avenida donde el flujo de personas es concurrido. No mirabas nada fuera de lo común, hasta que diste la vuelta en una calle y sin querer chocaste con un hombre, sin tomarle importancia a sus características físicas lo único que hiciste fue disculparte por el accidente y seguir tu camino. Si hubieras puesto un poco más de atención hubieras podido notar que ese hombre te estaba siguiendo, pero eso no pasó. No te diste cuenta hasta que éste te tomó por la espalda, te rodeó con su brazo y colocó un pañuelo en tu boca. Lo último que recuerdas de ese momento es ser arrojada en la parte trasera de un carro y posteriormente desvanecerte en la bruma de un sueño profundo.

Después de eso, lo siguiente que ves al despertar es estar tumbada boca arriba en la cama de una habitación, un tanto desorientada miras a tu alrededor y te das cuenta que la habitación está casi vacía, la cama en la que te encuentras es de hierro y vieja, puedes afirmar eso porque se encuentra ya un poco oxidada, una mesa plegable y en una esquina del cuarto un balde. El cuarto se encuentra iluminado por un pequeño foco que proporciona una tenue luz. No hay ventana alguna de la que puedas percatarte si es de día o de noche. La puerta está cerrada con seguro, no queda más que esperar el siguiente movimiento de quien sea que te haya secuestrado.

Con el terror carcomiendo cada fibra de tu cuerpo, lo que tienes de referencia para tiempo prolongado que haz pasado en esa habitación, es el hambre y la sed. Sin embargo, tienes el estómago hecho nudo y la garganta tan seca de gritar y llorar por el miedo que estás segura que no podrías ingerir ni una miga de pan.

Después de una eternidad de espera, escuchas la cerradura de la puerta y la perilla girar, entra el hombre que muy vagamente recuerdas del choque en la calle y trae consigo un plato de sopa, la deja en la mesa y se retira. Apenas después de un par de horas eres capaz de comer la sopa ya fría, y sentir un alivio instantáneo, que es borrado casi en cuanto aparece por el golpe de realidad de tu situación.

Con el paso del tiempo las cosas se empiezan a tornar borrosas, eres consciente de que el hombre entra constantemente en la habitación, las primeras veces el dolor era insoportable y lo peor es que no podías hacer nada para detenerlo. Con cada visita del hombre tú te desconectas un poco más de tu cuerpo, con la esperanza de que la agonía termine pronto, y eso ocurre, después ya no sientes dolor.

Para quienes sobreviven a estos escenarios fatales, contar sus historias es un alivio, incluso podrías llamarlo un estandarte de valentía, compartir sus historias para advertir a las demás personas y evitar que sufran lo mismo que tú, para dar recomendaciones que en su momento tú no concebiste por el terror y miedo del momento, pelear, cargar consigo un gas pimienta, un bolígrafo aferrado en la mano, las llaves de tu hogar entre los dedos para crear un arma improvisada, una navaja o un cuchillo. Esto con la finalidad de no sentirse indefenso ante el mundo. Hubieras deseado poner atención a las recomendaciones antes, pero de nada sirve desear cuando tu cuerpo yace sin vida en ese terreno baldío con esperanza de que seas encontrada y así brindar un poco de paz a tu familia.

 

Nota: Encuentran en lote baldío cadáver de mujer
https://zetatijuana.com/2018/02/encuentran-en-lote-baldio-cadaver-de-mujer/?fbclid=IwAR07JRu5yGbA29ATeiXEGdATIdigQMDKxAhvq8_ehLNRPjhscUmWbDamUyE

 

«Advertencia continua» es parte de la antología “Las Muertas narran”
hecha por mujeres universitarias quienes, a través de
la literatura, se manifiestan contra el feminicidio
inspirándose en notas periodísticas reales.

La intención de estas narraciones es re-humanizar a las víctimas
de la violencia de género y darles una voz póstuma para
que cuenten la historia que ellas no pudieron contar.

Selena Díaz, es estudiante del cuarto semestre de la Licenciatura en Lengua y Literatura de Hispanoamérica en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la UABC.

Escrito por Redacción Linotipia

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