Foto: @holliwax

Cine à la carte

Por Rodrigo López

 

Vidas paralelas: It´s a trap!
Quienes lleven un poco más de tiempo en estos lares digitales quizá recuerden Second Life, un “juego” que nació a principios de la década pasada pero que rápidamente se transformó en una comunidad virtual, en la extensión de las palabras, a donde acudían miles de usuarios que no buscaban otra cosa más que pasar un rato ameno en un espacio que eliminaba ciertas restricciones propias de la vida real.

   Dentro de Second Life y otros foros interactivos que se derivaron tras éste, los jugadores pueden participar en actividades que no hacen otra cosa que simular la realidad, como obtener un empleo, conocer nuevas personas, “salir de fiesta” e incluso adquirir propiedades.

     Casi veinte años después hoy parecemos vivir en una extensión de esa comunidad; si bien parte de los principios fundacionales del Internet y la red global hablan utópicamente sobre la solidaridad, accesibilidad y generosidad en cuanto al intercambio de información, el nacimiento de las redes sociales ha marcado un parteaguas en los modos y medios del consumo de información.

    Gracias al alcance y la democratización del Internet, hoy más que nunca es posible trazar hábitos, conductas y gustos de los usuarios, no exactamente en el plano real, sino en las vidas digitales que conscientemente o no, crean tras cada acción realizada en línea.

   Ni its a trap GIF by Star Warssiquiera hace falta ponerse conspiranoico: intereses, tiempos de visualización,
ubicaciones, búsquedas y accesos son solo algunas de las fuentes de información, casi inocultables, que aprovechan muchas empresas para fabricar prospectos y así poner en marcha un elaboradísimo mecanismo de ventas a modo en el que probablemente alguien ya sabe lo que buscas antes de que tú decidas obtenerlo.

Plot twist
El entretenimiento en streaming ha dejado atrás su adolescencia. Las plataformas de video on-demand lideradas por Netflix se pasaron la segunda mitad de la década anterior en generar y fidelizar bajo la bandera de la conveniencia a su público –qué lejos quedan aquellos envíos de DVD´s–, el cual se aferraba a la piratería normalizada de la primera mitad.

      Como no podía ser de otra forma y como golpea mejor quien golpea primero, Net-flix –léase “net flicks” juego de palabras que puede traducirse al español como red de películas– enseguida comenzó a sacar provecho de las ventajas implícitas en la migración al formato digital: categorizaron todo, lo valuaron, lo pusieron a correr y ahora saben cuándo interrumpes la reproducción, qué ves más, qué títulos prefieres, cuánto te toma elegir algo, el índice de películas y series que ves en su totalidad, los actores, las historias que ves más, y con ello es posible sugerir nuevos títulos que, con poco margen de error, podrían gustarte.

     Y funciona. Lo hace a tal grado que ahora, en la fase siguiente del proceso, ya no basta negociar con estudios importantes para traer contenido a estos servicios. Cada vez más las plataformas de video en streaming apuestan por el contenido original y autoproducido, a cifras que incluso comprometen las ganancias de las propias compañías, pero eso es otra historia.

Cifras de inversión en contenido original y crecimiento de ganancias de Netflix. Fuente: Forbes

     Ahora, regresando al tono de la paranoia, ¿y si las producciones de estas plataformas no fueran otra cosa que el resultado del análisis de los hábitos de consumo de sus usuarios? Pues claro que lo es. Todas las historias vistas en los shows de temporadas están hechas a modo de que el espectador no sólo disfrute de tales programas, sino que ansíe verlos dispuesto a pasar largas jornadas frente a la pantalla viendo episodio tras episodio con todo y lo que esto implica para la salud.

     Las nuevas historias que jóvenes y adultos por igual consumimos a través de dichas plataformas siguen las mismas fórmulas y propósitos de la programación basura, como las telenovelas que tanto disfrutamos criticar la generación millennial en años electorales.

Netflix: – I am the Senate
Afortunadamente, en lo que quisiera pensar que es un guiño al acuerdo tácito sobre la solidaridad en la web, parece haber algo más. Estas plataformas nacieron acomplejadas, han sabido sortear los caminos en la industria del entretenimiento, sin embargo saben que no son bien vistos en los Campos Eliseos del cine y la TV, donde la crème de la crème les sigue viendo con recelo después de recibir semejante lección por parte de los nuevos del grupo.

     Esto se puso en evidencia cuando en 2017, ya con ciertos años en el estira y afloja, Netflix logró colar, ojo aquí, en las grandes ligas dos títulos producidos y estrenados en su plataforma: Okja y The Meyerowitz Stories, mismos que compitieron por el mayor reconocimiento, la Palma de Oro, en el Festival de Cannes, el más respetado y probablemente más importante festival al cual aspiraría todo realizador audiovisual.

     Algo debió temer el jurado y el equipo detrás del festival, pues esa fue la última vez que una película de Netflix y de cualquier otra productora digital compitiera en el certamen, pues ese mismo 2017 se publicó una nueva regla que requería que todas las películas competidoras se exhibieran en salas de cine francesas –país anfitrión del festival– previo o durante el evento.

     Esto, naturalmente, no fue del agrado de Netflix, pues desestimaba la relevancia que ahora sabían eran capaz de crear y de paso atentaba contra su propia plataforma y medio de distribución, comprometiendo la preferencia a los suscriptores que pagan mes tras mes para acceder al contenido de la plataforma.

     Si bien estas películas no eran las primeras que Netflix firmaba, sin duda fueron el inicio de una racha de laureles que hasta el día de hoy, más que coleccionar, usan para hacer un sutil alarde de que la capacidad de los cineastas y creadores no reside en las formas y canales, sino en completo dentro de las emociones del espectador.

     Hoy, a inicios de 2020 y a casi tres años de la jugada en Cannes, Netflix ha competido con diez cintas diferentes en las categorías más importantes de los premios cinematográficos más prestigiosos del mundo, en sólo tres años.

  Bong Joon Ho y Noah Baumbach, directores de Okja y The Meyerowitz Stories respectivamente, volvieron a verse las caras en la última edición de los premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Audiovisuales, donde sus nuevas obras Parasite y Marriage Story fueron las sorpresas de la noche en cuanto a nominaciones y estatuillas del Oscar ganados.

Recuento de películas producidas y/o distribuidas por Netflix y Amazon Studios reconocidas a nivel internacional. Fuente: IMDB

The new hope
Evidentemente esto no coincide con el escenario planteado algunos párrafos más arriba. ¿Pero será que resulte posible/viable mantener ambos enfoques? Las series hechas à la fast food, y dirigir las cartas fuertes a la promoción del buen cine. Suena, de entrada, caprichoso, pero si está en los planes de los ejecutivos no sólo participar, sino apropiarse y reinventar la industria, éste resulta un paso inicial lógico para gradualmente tomar y acercar el entretenimiento a una nueva era.

     No parece ser casualidad; los estudios de estas plataformas se han dado cuenta del alza en la aceptación y reconocimiento de cada vez más de sus cintas. Probablemente no alcance a salvarles de la burbuja de los modelos de suscripción que crece y crece, ni a Netflix ni a los que recién llegan como Disney +, Amazon Studios o Apple TV, pero es el llamado al cambio, un chispazo que revela dos líneas de consumo, pero sobre todo un respiro en la constante lucha contra el algoritmo, recordándonos cómo todavía el arte puede tener oportunidad ante el negocio.

Estamos apenas descubriendo el Second Life de la industria del cine, sólo queda a esperar cómo termina y las opciones finales del menú a elegir.

Escrito por Rodrigo López

Un entusiasta de la tecnología egresado de letras, medio viajero e inspector de tendencias que a veces toma fotos. En internet me llamo @holliwax

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