“Antes cuando entrabas a un set, te recibía un carrito de bebidas, golosinas y frutas, ahora solo hay una mesa con un bote de gel antibacterial y una hielera que parece abandonada”.

Por Enrique Martínez Apodaca

Hacer cine de forma tradicional, con un crew de más de cincuenta personas, en un foro grande, con cámaras y lentes de la mejor calidad, es una labor bastante complicada. Se necesita mucha disciplina y coordinación para lograr rodar una escena que a cámara dura tan solo dos minutos, pero tras bambalinas se llevó una o dos horas. 

Esta disciplina estuvo detenida un largo tiempo debido a la pandemia, pero ahora que las cámaras se volvieron a encender y que los sets volvieron a tener gente en silencio, se ha vuelto más rigurosa.

Hoy acudí a un set profesional y me di cuenta de todos los cambios en la dinámica de hacer cine que el coronavirus ocasionó. Desde que entras al estacionamiento, el guardia ya no se concentra tanto en tu gafete, sino en tomar tu temperatura y darte gel antibacterial.

Sales del carro y caminas por el extenso estacionamiento hasta una carpa, te hacen llenar un cuestionario donde aseguras no tener síntomas de Covid, no haber estado cerca de alguien enfermo y no tener miedo por creer estar contagiado. 

Te apuntan con la pistola en la cabeza y anotas tu temperatura, te ponen un gancho en el dedo y apuntas tus niveles de oxígeno y tu ritmo cardíaco. Todo bien, te alivias porque quiere decir que tampoco tienes otras complicaciones. Firmas, pones más datos personales y te entregan un cubrebocas blanco, el cual parece ser el nuevo uniforme de los cineastas.

Llegas a la oficina, pasas tus pies por tres tapetes: uno de plástico con cloro líquido, otro para medio secar y otro para secar de verdad. Saludas de lejos, sonriendo aunque nadie ve más allá de tus ojos cerrándose por una sonrisa escondida, revisas que todo lo necesario para tu trabajo esté en la mochila y corres al comedor a desayunar, aún te queda una hora para el llamado.

Mientras caminas con tu compañero tienes una plática banal sobre la escuela en línea y la cuarentena; hacen chistes e intentan reír sin que el cubrebocas termine en sus narices. La entrada del comedor está dividida por una cuerda, el tape puesto en forma de flechas marca por donde se entra y por donde se sale. 

Pasas por otros tres tapetes, te hechas antibacterial y sigues en fila hasta llegar a la comida. Tomas una charola, letreros amarillos y pequeños anuncian que platillo se esconde en los topers; unos sopes y fruta para comenzar el día, un cafecito y te sientas a disfrutar.

Las mesas tienen tres vidrios en forma de “H” para dividir a los comensales, no puedes platicar con quienes te rodean porque no se escucha a través del cristal. Terminas tu comida y te encaminas al Set.

Antes cuando entrabas a un set, te recibía un carrito de bebidas, golosinas y frutas, te podías sentar a escuchar a la directora decir “Corte, corte, cut” mientras te enchufabas una taza de café y un mamut.

Ahora solo hay una mesa con un bote de gel antibacterial y una hielera que parece abandonada. Te sientas en tu mesa de trabajo y comienza el show. 

Los de tramoya de un lado para otro cargando tubos, telas y lámparas. Los de cámara empujando sus carritos con tripies colgando. Los asistentes de producción correteando a todos. Los de video assist maniobrando los cables para que todas las pantallas tengan imagen. Entra el director de foto y acomoda las cámaras, entra la directora y platica con algunos antes de sentarse frente al monitor. Las últimas en llegar son las de vestuario y maquillaje que andan detrás de las actrices y los actores.

“Silencio, rodando. Rolling sound. Rolling camera. Mark. Action”. Únicamente se escuchan los diálogos, y algún que otro loco pasando en la carretera volando.

Tanta oscuridad, solo las luces que alumbran a los talentos y los lucernarios del techo alto te dejan ver tus manos. Todos están concentrados en la toma, los diálogos tienen que ser perfectos, las risas y movimientos se deben ver naturales. Los movimientos de cámara tienen que estar en tiempo con el enfoque.

Nadie puede quitarse el cubrebocas, no puedes comer ni beber nada dentro del set. Tomas un agua de la hielera abandonada y te lo repiten “Tienes que salir para tomar agua”, sales, aprovechas para fumar un cigarro y ver la playa mientras que cambian la posición de las cámaras

Te terminas el agua y el tabaco, vas al baño que dice “exclusivo para el crew”, te lavas las manos, orinas y vuelves a lavarte las manos. Regresas a ciegas al set porque el contraste entre el sol de medio día y la oscura bodega de grabación es muy fuerte.

Dan las dos y media, es hora de comer. Se repite la misma rutina del desayuno, solo que esta vez es lasagna a la mexicana, la comida es muy rica pero es incomodo comer frente a alguien que acabas de conocer y no poder más que cruzar miradas.

Regresas al set a los 30 minutos. Misma rutina. Tramoya, cámara, audio, vestuario, maquillaje, arte. Todo listo, se sigue grabando. Pasan casi todos por enfrente tuyo, todos con cubrebocas, cada quien cargando un antibacterial en el cinto como si nunca fuera suficiente, porque realmente nunca lo es.

Las luces giran, están grabando una escena en un carro de noche. Ves la toma en la pantalla de tu teléfono y luego volteas a ver el carro, algo tienen las cámaras o los ojos detrás de ellas que siempre transforman la realidad.

El día termina muy pronto, se pasan las 8 horas de tu llamado. Regresas al carro y te vas.

Entre tanto ver a las personas disfrutar de lo que hacen me olvidé de sus máscaras a medio rostro, de los veinte minutos de cuestionario al entrar, olvidé cuántas veces me puse antibacterial (aunque ya me pongo tanto que parece ser un tic nervioso).

El cine regresó a los sets, lo agradezco porque me hacen falta cosas nuevas que ver los fines de semana. Pero más agradezco ver todo desde antes, mirar el cine con historias contadas a cachos de 2 minutos, observar los pasos apresurados de todas las personas detrás de una gran obra cinematográfica.

Escrito por Enrique Martínez Apodaca

Estudiante de Ciencias de la Comunicación, explorador de la poesía, el cine y la fotografía, curioso de las artes, chismoso en la política, divulgador de la cultura tijuanense y crítico a todo lo que perjudique la libertad de alguien. @enriquemarapo en instagram y twitter.

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