Categoría: Cuento

Mejor nos hubiéramos quedado en mi casa

Alberto asiente con un Sí agobiado. Apenas alcanzo a tocar sus dedos con mi mano derecha. En voz baja y tratando de esconder el dolor le digo: “Ya ni la bañada”. Los dos no reímos un poco y tosemos por el exceso de polvo.

Pecera de hormigas

El mecanismo de tu boca se detiene a media palabra mientras parpadeas de reojo y te percatas de una especie de volcán en miniatura en el centro de la pecera. Te inclinas. Tres orificios, cuatro esquinas, tres colores diferentes.

Vacío

“Escucho mis veloces latidos en un monitor de ritmo cardiaco. Estoy en un hospital, pero no recuerdo por qué. El registro del monitor alertó a los enfermeros. Enseguida, entra un hombre acompañado de dos mujeres. Ven que estoy despierta y las dos mujeres comienzan a revisar los aparatos conectados a mí”.

Estrías en el parabrisas

“Los sucesos te confunden. Sigues con la multitud sin conciencia de a dónde te diriges, el camino se divide. Una parte del grupo va hacia la protuberancia reseca y cafesosa. Las otras van de prisa, en busca de esa gran masa de agua azul para hidratarse”.

Las muertas narran II: Sí, fue tu culpa

“La alarma para iniciar tu día suena y abres tus ojos con pesar, suspiras y piensas en lo fastidioso que es ese sonido y desactivas tu celular. Te sientas en la orilla de tu cama con ojos somnolientos pensando en el largo camino que harás a la universidad. Todos en tu casa aún siguen dormidos a esa hora del día, entonces la pantalla de tu celular se enciende mostrando la llegada de un nuevo mensaje”…

Las muertas narran I: Último suspiro

Todo lo que piensas en ese último respiro es haber hecho las cosas diferentes; no arreglarte lo suficiente para ir a la escuela, no ser una joven dedicada, no haberle dicho a mamá que no sea paranoica y es porque “que la ciudad es un poco más insegura”.

Desaparición de Alejandro López

Se fue el “Alex” para el Norte. El Norte se antojaba, y aún ahora se antoja, como algunos gustan decir, una panacea; algo que cura y resuelve todo.