Categoría: Cuento

Tu nombre

“Sonrió, quizá le parecía divertido, pero a mí todo esto de la maternidad me daba vueltas, me asustaba demasiado.”

El enano que amaba a la mujer que hacía equilibrio en la cuerda floja

Y a él, le sangraban las manos de tanto aplauso frenético, se le rasgaba la garganta de tanto grito de asombro y se le aborrascaba la visión de tanta lágrima enamorada.

Las muertas narran VII: Advertencia continua

Si hubieras puesto un poco más de atención hubieras podido notar que ese hombre te estaba siguiendo, pero eso no pasó.

Las muertas narran VI: Un cuento sin hadas

“La reina salió de su morada, decidida a encontrar a su hija. Dejó atrás el trono y puso al reino entero a unirse a la búsqueda. Algunos iban de pueblo en pueblo con los anuncios en mano tocando puertas y preguntando si habían visto a una joven de 16 años, de cabello color castaño, estatura de 1.57 m y que cuando se le vio por última vez traía puesto un vestido color celeste”.

Las muertas narran V: Las once mil vírgenes

“Una vez me bajé del taxi me di cuenta de que estaba oscuro y no había nadie. Me enfoqué en seguir caminando deprisa. En un momento, sentí un escalofrío y me abracé a mí misma, volteé hacia atrás y me di cuenta de que no muy lejos de mí había un hombre caminando”.

Las muertas narran IV: Trance

En eso, tu celular vibró. Un mensaje de tu amiga, una invitación. Lo tomaste, leíste. “¡Amiga! Te vi en el colegio hoy, no te veías muy animada… Hay que salir ¿sí?” Lo consideraste un momento, y al fin decidiste. ¿Qué cosa podría pasar?

Las muertas narran III: En la maleta

Cuando era niña pensaba que las personas cuando mueren, pueden ver cómo la vida sigue, pero yo no veo más que el interior de esta horrible y apestosa maleta.

Mejor nos hubiéramos quedado en mi casa

Alberto asiente con un Sí agobiado. Apenas alcanzo a tocar sus dedos con mi mano derecha. En voz baja y tratando de esconder el dolor le digo: “Ya ni la bañada”. Los dos no reímos un poco y tosemos por el exceso de polvo.

Pecera de hormigas

El mecanismo de tu boca se detiene a media palabra mientras parpadeas de reojo y te percatas de una especie de volcán en miniatura en el centro de la pecera. Te inclinas. Tres orificios, cuatro esquinas, tres colores diferentes.

Vacío

“Escucho mis veloces latidos en un monitor de ritmo cardiaco. Estoy en un hospital, pero no recuerdo por qué. El registro del monitor alertó a los enfermeros. Enseguida, entra un hombre acompañado de dos mujeres. Ven que estoy despierta y las dos mujeres comienzan a revisar los aparatos conectados a mí”.